Qué es el visado y qué comprueba
El visado es la función de control que el colegio profesional ejerce sobre los trabajos de sus colegiados, regulada en el artículo 13 de la Ley de Colegios Profesionales. Su contenido está legalmente tasado: el colegio comprueba la identidad y habilitación profesional del autor del trabajo, y la corrección e integridad formal de la documentación conforme a la normativa aplicable.
Igual de importante es lo que la ley excluye expresamente: el visado no comprende los honorarios ni las demás condiciones contractuales, y no valida el contenido técnico del trabajo en el sentido de garantizar su acierto. El colegio responde de lo que visa en los términos de su función; la responsabilidad técnica del proyecto sigue siendo del proyectista, como corresponde al reparto de la LOE presentado en el artículo sobre los agentes de la edificación.
La regla general: voluntariedad desde 2009
La reforma de la Ley de Colegios Profesionales operada por la Ley 25/2009, en el marco de la transposición de la directiva de servicios, invirtió el sistema histórico: el visado dejó de ser exigible con carácter general y pasó a obtenerse a petición del cliente, quedando reservada al Gobierno la potestad de fijar reglamentariamente los casos de obligatoriedad por razones justificadas de seguridad. Los casos obligatorios se fijaron después en el Real Decreto 1000/2010.
El desarrollo de esa potestad es el Real Decreto 1000/2010, que establece con carácter exclusivo y excluyente la lista de trabajos de visado obligatorio. Exclusivo y excluyente significa que la lista es cerrada: ni los colegios ni las administraciones pueden añadir supuestos, y la Administración General del Estado ni siquiera lo solicita cuando actúa como cliente.
Los casos obligatorios del RD 1000/2010
Para el proceso ordinario de edificación, los supuestos relevantes de la lista del artículo 2 son dos: el proyecto de ejecución de edificación, entendida la edificación conforme a la LOE, y el certificado final de obra. A ellos se suman sus paralelos en legalizaciones, el proyecto de legalización y su certificado, y supuestos ajenos a la edificación corriente, señaladamente los proyectos de demolición con explosivos y determinados trabajos de otros ámbitos reglamentarios.
La lógica del recorte es la que el propio real decreto declara: se mantiene el visado solo donde existe relación directa entre el trabajo profesional y la seguridad e integridad física de las personas, y donde el visado resulta el instrumento de control más proporcionado. En el flujo documental del proyecto, la consecuencia práctica es nítida: el proyecto básico se tramita sin visado obligatorio, y el proyecto de ejecución y el certificado final lo llevan siempre.
| Aspecto | Qué comprueba el visado | Qué no comprueba |
|---|---|---|
| Identidad y habilitación del técnico | Titulación, colegiación y ausencia de inhabilitación | La calidad técnica de la solución |
| Integridad documental | Que el documento está completo según su tipo | El cálculo estructural o energético |
| Corrección formal | Estructura y contenido formal del documento | Las mediciones y el presupuesto |
| Registro | Constancia colegial del trabajo profesional | La conformidad urbanística, que corresponde a la licencia |
El visado voluntario: qué valor conserva
Fuera de la lista, el visado subsiste como servicio a petición del cliente, y su uso real varía por territorios y por tipo de operación. Lo que aporta es trazabilidad institucional: fecha cierta del documento, acreditación de la habilitación del firmante, registro colegial del trabajo y, en su caso, la cobertura del régimen de responsabilidad del colegio por su función de control. Promotores institucionales, aseguradoras y algunos financiadores lo valoran como pieza de su propia diligencia documental, y ciertas administraciones lo aprecian en la práctica aunque no puedan exigirlo.
La decisión profesional sana es tratarlo como lo que es: un instrumento de gestión documental y de confianza, con coste tasado por cada colegio, cuya utilidad depende de la operación, no un peaje ritual ni una garantía técnica que la ley no le atribuye. Conviene decidirlo operación por operación y no por costumbre.
Errores frecuentes
El primero es confundir visado con aprobación técnica y relajar el control de calidad del proyecto porque está visado: el colegio no revisó el cálculo ni las mediciones. El control de calidad del proyecto sigue siendo responsabilidad del proyectista.
El segundo es olvidar el visado del certificado final de obra en el cierre, descubriendo su falta cuando la tramitación de la primera ocupación lo reclama. El certificado se visa antes de solicitar la primera ocupación.
El tercero es aceptar exigencias de visado fuera de la lista legal como si fueran obligatorias, asumiendo costes y plazos que la norma no impone. La lista se comprueba en el Real Decreto 1000/2010.
El cuarto es lo inverso: prescindir sistemáticamente del visado voluntario en operaciones donde financiador o aseguradora lo esperaban, y pagarlo después en fricción documental. Conviene preguntar al financiador y a la aseguradora qué esperan.
Nota: el régimen citado es el de la Ley 2/1974 reformada por la Ley 25/2009 y el Real Decreto 1000/2010; los procedimientos y tarifas de visado son propios de cada colegio profesional.