El concepto central: el itinerario accesible
Todo gira alrededor del itinerario accesible: el camino que una persona con movilidad reducida, en particular usuaria de silla de ruedas, puede recorrer de forma autónoma y segura. La sección exige itinerarios accesibles que comuniquen la entrada principal con las zonas relevantes del edificio, y el anejo de terminología del documento define con precisión sus condiciones geométricas y funcionales.
Las condiciones esenciales, en valores de referencia, componen un repertorio que conviene memorizar: anchuras libres de paso del orden de 1,20 metros en pasillos con estrechamientos puntuales tasados, puertas con anchura libre mínima de 0,80 metros y espacios de giro libres de obstáculos a ambos lados, pendientes limitadas, del orden del 4 por ciento en itinerarios horizontales y con el régimen propio de las rampas accesibles cuando se supera, pavimentos sin resaltes y mecanismos utilizables a altura reglamentaria. Los desniveles se salvan con rampa accesible o con ascensor accesible: la escalera nunca forma parte de un itinerario accesible.
Las rampas accesibles tienen su propia geometría tasada: pendientes máximas decrecientes con la longitud del tramo, del orden del 10 por ciento en tramos muy cortos, el 8 en tramos medios y el 6 en los tramos largos admisibles, con mesetas de dimensión suficiente, pasamanos a doble altura y protecciones laterales. Son grandes consumidoras de superficie: salvar un metro de desnivel exige en la práctica más de doce metros de desarrollo más las mesetas, y esa aritmética explica por qué la rampa improvisada a posteriori casi nunca cabe.
El ascensor accesible completa el repertorio vertical: cabina con dimensiones mínimas reglamentarias según configuración de puertas, del orden de 1,00 por 1,25 metros en las configuraciones habituales de un edificio corriente, puertas automáticas, precisión de parada y botoneras utilizables. En la mayoría de los edificios plurifamiliares y terciarios, el ascensor accesible es simplemente el ascensor: proyectarlo accesible desde el inicio no cuesta casi nada, adaptarlo después cuesta un hueco nuevo.
Qué dotaciones exige la sección
Sobre los itinerarios se apoyan las dotaciones accesibles, moduladas por el uso y el tamaño del edificio. El cuadro general, en sus líneas principales:
| Ámbito | Exigencia tipo |
|---|---|
| Acceso al edificio | Itinerario accesible desde la vía pública y entre el acceso y las zonas relevantes |
| Comunicación vertical | Ascensor accesible o rampa cuando las plantas relevantes no están al nivel de acceso |
| Viviendas | Itinerarios accesibles hasta las viviendas; viviendas accesibles en los supuestos y proporciones reglamentarios |
| Aparcamiento | Plazas accesibles en proporción a la dotación total, vinculadas a itinerario accesible |
| Aseos y vestuarios | Aseos accesibles en los edificios de uso público según su dotación, con sus ayudas técnicas |
| Mobiliario y mecanismos | Puntos de atención y de llamada accesibles, mecanismos a altura utilizable |
| Señalización | Elementos accesibles señalizados, con condiciones específicas de contraste y braille en su caso |
La exigencia de piscinas, plazas reservadas en salones de actos o alojamientos accesibles en el uso residencial público completa el cuadro en sus usos respectivos. La lógica siempre es la misma: la dotación crece con la escala y con el carácter público del edificio.
El cruce con la normativa autonómica y local
La sección SUA 9 es el suelo estatal de la accesibilidad, no su techo. Las comunidades autónomas disponen de normativa propia de accesibilidad, y numerosos ayuntamientos añaden ordenanzas. La regla de proyecto, ya enunciada en el artículo general del DB-SUA, es aplicar en cada punto la condición más restrictiva y dejar constancia en la memoria de qué norma gobierna cada decisión.
El cruce tiene una dimensión práctica que conviene anticipar: los servicios técnicos autonómicos y municipales revisan primero su propia norma, y los desajustes típicos aparecen en los detalles, dimensiones de aseos, reservas de viviendas, condiciones de las plazas de aparcamiento. Una tabla comparativa CTE contra norma autonómica, elaborada al inicio del proyecto para el territorio concreto, es un entregable breve que ahorra ciclos completos de subsanación.
La reforma del CTE en tramitación añade además novedades en esta materia, entre ellas nuevas exigencias de aseos adaptados para personas con ostomía, señal del sentido general de la evolución normativa: más dotación, no menos. Conviene verificar el texto vigente en el momento del visado.
Accesibilidad y evacuación: un solo diseño
La sección SUA 9 no vive aislada: comparte geometría con la evacuación del DB-SI. Los itinerarios accesibles y los recorridos de evacuación discurren por los mismos pasillos y puertas, y el código articula ambos mundos con las zonas de refugio, espacios protegidos junto a los núcleos donde las personas que no pueden usar la escalera aguardan asistencia. La coordinación se detalla en el artículo sobre la evacuación de ocupantes; la regla de oro para el proyecto es dimensionar pasillos, puertas y núcleos una sola vez, con las dos tablas delante, porque el elemento que cumple una norma e incumple la otra se rehace entero.
Lectura presupuestaria de la accesibilidad
El coste de la sección se reparte en tres naturalezas distintas, y separarlas ordena cualquier estimación. Las tres se presupuestan por separado y con unidades diferentes.
La primera es la superficie: itinerarios, giros, mesetas y rampas consumen metros cuadrados que en promoción son metros vendibles. Es el coste dominante y el más invisible en el presupuesto de ejecución, porque no aparece como partida sino como merma de aprovechamiento. Se gestiona en el croquis, no en las mediciones.
La segunda son los equipamientos: el diferencial del ascensor accesible cuando lo hay, las ayudas técnicas de los aseos adaptados, barras, aparatos y griferías específicas, los mecanismos y señalizaciones accesibles. Es el coste visible, y como orden de magnitud orientativo el conjunto de la accesibilidad se sitúa entre el 2 y el 5 por ciento del presupuesto de ejecución material en plurifamiliar corriente, con el ascensor como partida dominante, según el método de lectura del artículo sobre el coste de cumplimiento del CTE.
La tercera es el coste de adaptación sobrevenida: el edificio que no reservó la geometría paga la accesibilidad a precio de reforma, con rampas forzadas, ascensores en huecos imposibles y aseos rehechos. La asimetría entre proyectar accesible y adaptar después es de las mayores de todo el código.
Errores frecuentes
El primero es tratar la accesibilidad como una capa final de proyecto: los itinerarios condicionan núcleos, anchos y pendientes desde el primer esquema, y añadirlos tarde desencadena rediseños en cadena. Los itinerarios se dibujan a la vez que la planta.
El segundo es cumplir el CTE e ignorar la norma autonómica, o al revés: solo la condición más restrictiva de las dos protege el proyecto. Ambos textos se comparan exigencia por exigencia.
El tercero es la cadena rota: un edificio con aseo adaptado perfecto al que no se llega en silla de ruedas no cumple nada; el itinerario se verifica completo, de la calle al último elemento accesible. La verificación recorre el itinerario completo y no elemento por elemento.
El cuarto es olvidar las dotaciones menos visibles, plazas de aparcamiento vinculadas, mecanismos, señalización, puntos de atención, que son precisamente las que las inspecciones comprueban con lista en mano. Conviene recorrer la lista de dotaciones antes de cerrar las mediciones.
El quinto es no medir las ayudas técnicas: barras, asientos y equipamiento de los aseos adaptados forman una partida específica que las mediciones hechas desde planos genéricos omiten con regularidad. La partida se define a partir del aseo adaptado real y no de un plano genérico.
Nota: los valores citados son referencias generales de comprensión; las condiciones y dotaciones exigibles en cada caso son las de la versión consolidada del DB-SUA vigente y de la normativa autonómica y local aplicable.