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Instalaciones de protección contra incendios (SI 4)

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Qué vas a aprender

Qué instalaciones de protección contra incendios exige la sección SI 4 y con qué criterios de dotación, cómo se articula el CTE con el reglamento de instalaciones de protección contra incendios, qué instalaciones activa cada umbral de superficie y altura, y cómo presupuestar este capítulo sin olvidos.

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Si la sectorización confina el fuego y la evacuación pone a salvo a los ocupantes, las instalaciones de protección contra incendios cierran el triángulo: detectan el incendio, lo anuncian y lo combaten. La sección SI 4 del Documento Básico de Seguridad en caso de Incendio fija qué dotación de instalaciones exige cada edificio en función de su uso, su superficie y su altura de evacuación, y remite su diseño, ejecución y mantenimiento al Reglamento de Instalaciones de Protección Contra Incendios, el RIPCI. El panorama general del documento se presenta en el artículo dedicado al DB-SI.

Esa división de papeles conviene tenerla clara desde el principio: el CTE dice qué instalaciones hacen falta; el RIPCI dice cómo deben ser, quién puede instalarlas y cómo se mantienen. El presupuesto bebe de los dos.

La lógica de la dotación: umbrales acumulativos

La tabla de dotación de la sección SI 4 funciona por acumulación: cada edificio parte de una dotación básica común y va sumando instalaciones a medida que cruza umbrales de superficie construida, de altura de evacuación o de ocupación, con exigencias particulares por uso. Esta mecánica explica el fenómeno presupuestario más característico del capítulo: el coste no crece de forma continua con el tamaño del edificio, crece a saltos. Unos metros cuadrados más, o una planta más, pueden activar una instalación completa.

Las instalaciones, de la más común a la más exigente

Extintores portátiles. La dotación universal. La regla general es que ningún punto de un recorrido de evacuación quede a más de 15 metros de un extintor con la eficacia mínima exigida, con dotaciones adicionales en los locales de riesgo especial. Partida menor en importe, presencia obligada en todo presupuesto.

Bocas de incendio equipadas. Las BIE aparecen al superar umbrales de superficie que dependen del uso, con carácter general en los usos no residenciales a partir de superficies medias, y arrastran consigo una red de abastecimiento propia: tubería, y en muchos casos grupo de presión y depósito cuando la red pública no garantiza las condiciones de caudal y presión. Ese abastecimiento es la parte cara y la que más se olvida en las estimaciones tempranas.

Detección y alarma. La instalación de detección automática y el sistema de alarma se exigen por uso y superficie, con implantaciones que van desde pulsadores y sirenas hasta la detección completa en todo el edificio en los usos y tamaños superiores. En el mercado actual conviven los sistemas convencionales, que identifican la zona en alarma, y los analógicos direccionables, que identifican el equipo concreto; la elección pesa en el precio y en el mantenimiento, y en edificios medianos y grandes la balanza se inclina hacia lo direccionable por su explotación.

Hidrantes exteriores. Exigidos según superficie y uso, dependen fuertemente de la urbanización existente: donde la red pública ya ofrece hidrantes en las condiciones debidas, la partida desaparece del presupuesto del edificio; donde no, aparece con su obra civil.

Columna seca. La instalación de apoyo a los bomberos, exigida con carácter general a partir de 24 metros de altura de evacuación: una tubería vacía con tomas en fachada y en plantas que los servicios de extinción presurizan desde su vehículo. Coste moderado, olvido frecuente en los cambios de uso de edificios altos.

Rociadores automáticos. La instalación de extinción automática, la más cara del repertorio, se exige en los usos y tamaños superiores, comercial de gran superficie por ejemplo, y en determinados recintos singulares. Su presencia tiene además efectos cruzados en el resto del documento: la sección SI 1 permite ampliar sectores cuando existe extinción automática, lo que convierte a los rociadores en una variable de diseño y no solo en una obligación. La elección de las puertas y elementos que completan la compartimentación se desarrolla en el artículo sobre puertas cortafuegos.

El abastecimiento de agua: la partida sumergida

La experiencia de análisis de presupuestos enseña que el error económico típico del capítulo no está en los equipos visibles sino en su alimentación. BIE, hidrantes privados y rociadores necesitan un abastecimiento con caudal, presión y autonomía garantizados, y cuando la red urbana no los garantiza, el proyecto debe incorporar depósito de reserva y grupo de presión contra incendios, con su cuarto técnico, que a su vez es un local de riesgo especial con sus propias exigencias. Esta cadena, equipo, red, abastecimiento, cuarto, es la que hay que presupuestar completa; cortarla en el primer eslabón produce las desviaciones clásicas del capítulo.

Lectura presupuestaria del capítulo

Instalación Orden de coste relativo Riesgo de olvido
Extintores y señalización Bajo Bajo
Detección y alarma Medio Medio, en la extensión real exigida
BIE con su red Medio Alto, en el abastecimiento
Columna seca Bajo a medio Alto en edificios altos existentes
Hidrantes Variable Alto, depende de la urbanización
Rociadores Alto Bajo cuando se exigen, alto en sus efectos de diseño

Como orden de magnitud orientativo, el conjunto del capítulo de protección contra incendios se mueve en residencial y terciario corriente entre el 1 y el 3 % del presupuesto de ejecución material, con valores muy superiores cuando entran rociadores o abastecimientos completos. La trazabilidad de estas partidas dentro del método general se explica en el artículo sobre el coste de cumplimiento del CTE.

Errores frecuentes

El primero es presupuestar equipos sin abastecimiento, el error sumergido ya descrito. El grupo de presión y el depósito son la partida que se descubre tarde.

El segundo es leer la tabla de dotación una sola vez y para un solo uso: en edificios mixtos, cada zona de uso aporta sus exigencias, y la dotación resultante es la suma coherente de todas. Cada zona se analiza con su propio uso y su propia superficie.

El tercero es ignorar el mantenimiento en la comparación de soluciones: el RIPCI impone programas de mantenimiento con periodicidades definidas, y la diferencia de explotación entre sistemas puede superar en pocos años la diferencia de inversión. La comparación se hace a coste de ciclo de vida y no a coste de inversión.

El cuarto es olvidar que la instalación de protección es también obra civil: bancadas, cuartos, pasos sellados a través de sectores, alimentaciones eléctricas preferentes. La coordinación con la sectorización del artículo sobre sectores de incendio evita que la propia instalación contra incendios perfore la compartimentación que debe proteger.

Nota: los umbrales y valores citados son referencias generales; la dotación exigible en cada caso es la de la tabla de la versión consolidada del DB-SI vigente y las condiciones técnicas las del RIPCI, ambos en sus textos oficiales.

Preguntas frecuentes

Las que la tabla de dotación determina según el uso y las características del edificio: extintores, bocas de incendio equipadas, detección, alarma, rociadores y columna seca, entre otras.

Presupuestar los equipos y olvidar el abastecimiento de agua que los alimenta. El grupo de presión y el depósito son la partida que se descubre tarde y pesa.

Cada zona de uso aporta sus exigencias, y la dotación resultante es la suma coherente de todas. Leer la tabla una sola vez y para un solo uso deja el edificio corto.

Debería. El RIPCI impone programas con periodicidades definidas, y la diferencia de explotación entre sistemas puede superar en pocos años la diferencia de inversión.

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