Los tres frentes del control
El control de la calidad se organiza en tres frentes complementarios, que la normativa técnica desarrolla para cada material y unidad. Los tres se programan antes del inicio y no durante la obra.
El control de recepción de productos: nada entra en la obra sin verificar. Para los productos con marcado y documentación de conformidad, la comprobación es documental; para los que la normativa somete a control experimental, el hormigón como caso arquetípico, la recepción incluye ensayos con frecuencias regladas.
El control de ejecución: las unidades se comprueban durante su realización, replanteos, armados antes de hormigonar, soldaduras, impermeabilizaciones antes de cubrirse, instalaciones antes de cerrarse, con la regla operativa que preside todo el sistema: lo que va a quedar oculto se verifica antes de taparse. La verificación antes de tapar es la más barata de todo el sistema.
Y el control de la obra terminada: las pruebas finales de servicio, estanquidad, presión, funcionamiento de instalaciones, que verifican el resultado como conjunto. Sus resultados forman parte del libro del edificio.
| Frente de control | Qué verifica | Momento |
|---|---|---|
| Control de recepción | Que los productos llegan conformes, con marcado y documentación | A la entrada de cada material |
| Control de ejecución | Replanteos, armados, soldaduras, impermeabilizaciones e instalaciones | Antes de que la unidad quede oculta |
| Control de la obra terminada | Pruebas finales de servicio, estanquidad, presión y funcionamiento | Al terminar cada instalación |
Programa, actores y reparto de papeles
El instrumento organizador es el programa de control de calidad, que planifica desde el inicio qué se controla, con qué ensayos, con qué frecuencias y con qué criterios de aceptación, particularizando para la obra las exigencias de la normativa y del proyecto. Su dirección corresponde al director de la ejecución, a quien la LOE encomienda verificar la recepción de productos, ordenar ensayos y controlar la ejecución, como desarrolla el artículo sobre la dirección de obra y la dirección de ejecución.
La ejecución material del control recae en los agentes especializados que la propia LOE reconoce: los laboratorios de ensayos, que prestan asistencia técnica mediante ensayos y pruebas de materiales y sistemas, y las entidades de control de calidad, que verifican la calidad del proyecto, de los materiales y de la ejecución. Ambos operan bajo regímenes de declaración responsable y acreditación que garantizan su competencia e independencia. En las obras con seguro decenal se añade el organismo de control técnico, cuya auditoría para la aseguradora se describe en el artículo sobre el seguro decenal.
El reparto económico habitual merece atención contractual: el coste del control se pacta, con fórmulas que van desde el porcentaje del presupuesto asumido por el constructor hasta la contratación directa por el promotor, y la elección no es neutra, porque quien paga al laboratorio condiciona su independencia percibida. La práctica más protectora para el promotor es reservarse la contratación del control o, al menos, la designación de los laboratorios.
La documentación: el control que queda escrito
Cada acto de control produce su documento: albaranes y declaraciones de conformidad de la recepción, actas de ensayo de los laboratorios, registros de inspección de la ejecución, actas de pruebas finales. Ese corpus tiene dos destinos. Durante la obra, alimenta las decisiones: aceptar, rechazar, reforzar el control donde los resultados avisan. Al cierre, se integra en la documentación del control de calidad que acompaña al certificado final y termina en el libro del edificio, donde será la prueba disponible el día que una garantía se active.
La regla de oro documental es la trazabilidad: cada resultado vinculado a su lote, su ubicación en obra y su decisión de aceptación. Un archivo de ensayos sin trazabilidad es una colección de papeles; con ella, es la biografía verificada del edificio.
Errores frecuentes
El primero es empezar la obra sin programa de control, improvisando frecuencias y ensayos cuando las unidades ya corren. El programa se redacta con el proyecto y se contrata antes del replanteo.
El segundo es recortar el control como partida de ahorro: su coste es una fracción menor del presupuesto y su ausencia multiplica el precio de cada defecto descubierto tarde. Cada defecto descubierto tarde cuesta un múltiplo del ensayo omitido.
El tercero es tapar sin verificar por presión de plazo, la decisión individual más cara del catálogo, porque convierte comprobaciones de rutina en demoliciones exploratorias. La comprobación se programa en el plan de obra para que no compita con el plazo.
El cuarto es el archivo desordenado: ensayos que existen pero no se encuentran, resultados sin lote ni ubicación, y un libro del edificio que llega incompleto justo donde más valía. Los ensayos se archivan con su lote y su ubicación el día en que se reciben.
Nota: las exigencias concretas de control por material y unidad son las de la normativa técnica aplicable a cada obra; las frecuencias y criterios citados deben particularizarse en el programa de control de cada proyecto.