La mecánica
| Pieza | Contenido |
|---|---|
| Medición del ejecutado | Cantidades realmente ejecutadas en el periodo, partida a partida, con los criterios de medición del contrato |
| Relación valorada | Las cantidades a origen valoradas a los precios del contrato; la certificación del periodo es la diferencia entre la relación a origen actual y la anterior |
| Certificación | El documento que aprueba la dirección facultativa y que abre el derecho de cobro, con las retenciones y condiciones pactadas |
La certificación se hace a origen: cada mes se mide el acumulado total y se resta lo certificado hasta el mes anterior. Esa arquitectura autocorrige los errores de periodos previos (una cantidad mal medida en marzo se corrige sola al medir el acumulado de abril) y es la razón por la que la medición a origen rigurosa vale más que cualquier reconciliación posterior.
La regla de oro y sus dos enemigos
Medir de verdad significa cantidades reales con los criterios del contrato. Sus dos corrupciones habituales:
La certificación por doceavos. Repartir el presupuesto entre los meses del plazo, sin medir. Cómoda para todos a corto plazo, desastrosa al final: el desfase entre lo certificado y lo ejecutado aflora de golpe en la liquidación, cuando ya no quedan palancas ni retenciones proporcionadas.
La certificación de acopios como obra. Materiales en obra no son unidades ejecutadas; si el contrato admite certificar acopios, lo hace como concepto propio, con sus garantías y su límite, nunca disfrazados de partidas ejecutadas.
Los puntos de fricción habituales
Tres zonas concentran las discusiones y se desactivan por anticipado. Las unidades parcialmente ejecutadas: el criterio de valoración de la obra incompleta (por fases de la partida, por porcentaje justificado) se pacta antes de la primera certificación. Los trabajos de difícil medición posterior (lo que quedará oculto): se miden antes de tapar, con registro fotográfico y conformidad de ambas partes. Y los contradictorios y modificados en curso: se certifican solo una vez aprobados formalmente; certificar cambios no aprobados es aprobar por la vía de hecho.
El uso de gestión
Más allá del cobro, la serie de certificaciones es el mejor sensor del proyecto: la curva de certificación a origen contra la curva prevista detecta los retrasos antes que ningún informe, y la comparación por capítulos localiza dónde. Ese uso alimenta directamente el control de costes y desviaciones.
Lo esencial
Certificar es medir a origen con los criterios del contrato, valorar a los precios pactados y documentar antes de tapar. Los dos vicios que arruinan el instrumento (doceavos y acopios disfrazados) se pagan en la liquidación con intereses. Y la serie de certificaciones bien hechas es, gratis, el cuadro de mando más fiable de la obra.
Nota: prácticas habituales en España en 2026; plazos, retenciones y régimen de acopios son los que fija cada contrato y, en obra pública, la normativa aplicable.