Blog

HS 6: protección frente al radón

📐 Artículo8 min de lectura

Qué vas a aprender

Qué es el radón y por qué la reglamentación lo trata como riesgo sanitario de primer orden, cómo llegó la exigencia al CTE y a qué edificios se aplica, cómo funciona la clasificación de municipios por zonas, qué soluciones constructivas exige cada zona y cuánto cuestan, y qué comprobar en rehabilitación.

De todas las exigencias del CTE, la protección frente al radón es la más joven y la que más profesionales sigue sorprendiendo. Un gas noble, invisible e inodoro, que emana del terreno granítico, se acumula en los espacios cerrados y figura entre las causas señaladas de cáncer de pulmón: ese es el riesgo que la sección HS 6 del Documento Básico de Salubridad vino a tratar cuando el Real Decreto 732/2019 la incorporó al código. Su encuadre en el conjunto del documento se presenta en el artículo dedicado al DB-HS.

Para el proyectista y el economista, la sección tiene una particularidad única en el código: su aplicación depende del municipio. Antes de cualquier otra consideración, la pregunta es geográfica.

El riesgo y el nivel de referencia

El radón procede de la desintegración natural del uranio presente en determinados terrenos, con los sustratos graníticos como caso característico, lo que explica la geografía española del problema: Galicia, amplias zonas del oeste peninsular, Extremadura, y sierras del centro concentran los municipios más afectados. El gas asciende desde el terreno, penetra en los edificios por los elementos en contacto con el suelo, fisuras, juntas, pasos de instalaciones, y se acumula en los locales cerrados, especialmente en las plantas bajas y sótanos habitables.

La exigencia reglamentaria se articula alrededor de un nivel de referencia: la concentración media anual de radón en los locales habitables no debe superar los 300 becquerelios por metro cúbico, el valor alineado con el marco europeo de protección radiológica. Ese número es el objetivo; las soluciones constructivas de la sección son los medios.

La geografía de la exigencia: el apéndice de municipios

La sección se aplica en los municipios recogidos en su apéndice de municipios en cuyo territorio se ha apreciado un potencial de radón significativo, clasificados en dos categorías: zona I, de riesgo apreciable, y zona II, de riesgo alto. Fuera de esos municipios, la sección no impone actuaciones; dentro, las impone graduadas según la zona.

La consecuencia operativa es una rutina de proyecto que ya se anticipó en el artículo general del documento y que aquí se formula como regla: la consulta del apéndice es una comprobación de minutos que debe hacerse al abrir el expediente, porque activa o desactiva un capítulo entero de soluciones. El detalle de cómo consultar la clasificación y sus implicaciones prácticas se desarrolla en el artículo sobre los municipios en zona de radón.

Las soluciones exigidas por zona

La sección articula la protección con un repertorio de tres familias de soluciones, combinadas según la zona y la configuración del edificio. Las tres pueden combinarse, y la elección depende de la zona y del tipo de contacto con el terreno.

La barrera de protección es el elemento base: una capa continua y estanca al radón, con sus condiciones de material, continuidad y sellado de encuentros y penetraciones, interpuesta entre el terreno y los locales habitables. Su plano de trabajo coincide con el de la impermeabilización de la sección HS 1, y esa coincidencia es una invitación directa a resolver ambas exigencias con un diseño conjunto de la base del edificio.

La cámara de aire ventilada interpone entre el terreno y los locales un espacio, un forjado sanitario en la práctica corriente, cuya ventilación diluye y evacúa el gas antes de que alcance los espacios habitables, con condiciones de aberturas y de comunicación tasadas. Su eficacia depende de que las aberturas se mantengan libres durante toda la vida del edificio.

Los sistemas de despresurización del terreno actúan en origen: arquetas o redes de captación bajo el edificio conectadas a conductos de extracción, que crean una depresión que aspira el gas del sustrato y lo expulsa por encima de la cubierta, con extracción natural o mecánica según el caso. Su diseño se coordina con la cimentación y con la red de saneamiento.

La combinación exigida crece con el riesgo. En términos generales, la zona I se satisface con la barrera o con la cámara ventilada en las configuraciones habituales, mientras que la zona II exige la barrera acompañada de una segunda línea, cámara ventilada o despresurización, con las particularidades de aplicación que la sección detalla según la existencia de sótanos y el uso de las plantas en contacto con el terreno.

Zona Solución tipo Naturaleza del coste
I Barrera o cámara ventilada Partida moderada integrada en la base del edificio
II Barrera más cámara o despresurización Doble línea, coste superior y coordinación de oficios

Cuánto cuesta proteger, cuánto cuesta reparar

En obra nueva planificada, la protección frente al radón es una partida contenida: la barrera es una lámina más en el paquete de la base, con su sellado cuidadoso como coste real, la cámara aprovecha soluciones de forjado sanitario que muchos proyectos ya adoptan por otras razones, y la despresurización, la vía más cara, se reserva a las configuraciones de más riesgo. Como orden de magnitud orientativo, el capítulo se mueve en fracciones de punto porcentual del presupuesto de ejecución material en los casos corrientes de zona I, escalando en zona II y en configuraciones complejas.

La aritmética cambia por completo en la actuación sobre lo construido: medir, diagnosticar las vías de entrada y readaptar un edificio en uso, sellados, sistemas de extracción añadidos, es intervención cara y de resultado menos garantizado. La asimetría repite el patrón de toda la salubridad: la protección proyectada cuesta poco, la sobrevenida cuesta mucho. En rehabilitación, la sección se aplica a las intervenciones en los términos generales del código para edificios existentes, y las obras que tocan la base del edificio en municipio afectado son el momento natural, y económicamente racional, de incorporar la protección.

Errores frecuentes

El primero es no consultar el apéndice al arrancar, el error fundacional del capítulo, con la exigencia descubierta en licencia y el modificado consiguiente. La consulta pertenece al encargo y dura minutos.

El segundo es tratar la barrera como una lámina que se extiende y no como una estanquidad que se construye: el radón entra por los sellados que faltan, pasos de instalaciones, juntas, encuentros, exactamente donde la ejecución descuidada deja huecos. Los sellados se detallan uno a uno y se controlan en obra.

El tercero es diseñar la barrera de radón y la impermeabilización de HS 1 por separado, duplicando capas o, peor, haciéndolas incompatibles. Ambas comparten plano de trabajo y se resuelven en el mismo detalle.

El cuarto es olvidar la explotación de los sistemas activos: una despresurización mecánica es un ventilador que debe funcionar y mantenerse, y su parada silenciosa anula la protección sin que nadie lo perciba. El mantenimiento se documenta en el libro del edificio.

El quinto es ignorar el radón en las valoraciones de rehabilitación y de compra de inmuebles en municipios afectados, donde la medición previa es una diligencia barata que evita heredar un problema caro. La medición previa cuesta poco y cambia el precio de compra.

Nota: el nivel de referencia, las zonas y las soluciones citadas corresponden a la sección HS 6 incorporada por el Real Decreto 732/2019; la clasificación de cada municipio y las condiciones aplicables son las del apéndice y el texto de la versión consolidada vigente del DB-HS.

Preguntas frecuentes

Limitar la entrada de radón desde el terreno en los municipios que el apéndice clasifica, con el objetivo de mantener la concentración media anual por debajo del nivel de referencia.

Barrera de protección entre terreno y locales, cámara de aire ventilada y sistemas de despresurización del terreno, combinadas según la zona y la configuración del edificio.

Al arrancar el encargo. Descubrir la exigencia en licencia obliga a un modificado, y la consulta del apéndice dura minutos.

Debe hacerse. La barrera de radón y la impermeabilización de HS 1 comparten plano de trabajo, y diseñarlas por separado duplica capas o las hace incompatibles.

El CTE: documentos básicos, exigencias y coste de cumplimiento