El riesgo y el nivel de referencia
El radón procede de la desintegración natural del uranio presente en determinados terrenos, con los sustratos graníticos como caso característico, lo que explica la geografía española del problema: Galicia, amplias zonas del oeste peninsular, Extremadura, y sierras del centro concentran los municipios más afectados. El gas asciende desde el terreno, penetra en los edificios por los elementos en contacto con el suelo, fisuras, juntas, pasos de instalaciones, y se acumula en los locales cerrados, especialmente en las plantas bajas y sótanos habitables.
La exigencia reglamentaria se articula alrededor de un nivel de referencia: la concentración media anual de radón en los locales habitables no debe superar los 300 becquerelios por metro cúbico, el valor alineado con el marco europeo de protección radiológica. Ese número es el objetivo; las soluciones constructivas de la sección son los medios.
La geografía de la exigencia: el apéndice de municipios
La sección se aplica en los municipios recogidos en su apéndice de municipios en cuyo territorio se ha apreciado un potencial de radón significativo, clasificados en dos categorías: zona I, de riesgo apreciable, y zona II, de riesgo alto. Fuera de esos municipios, la sección no impone actuaciones; dentro, las impone graduadas según la zona.
La consecuencia operativa es una rutina de proyecto que ya se anticipó en el artículo general del documento y que aquí se formula como regla: la consulta del apéndice es una comprobación de minutos que debe hacerse al abrir el expediente, porque activa o desactiva un capítulo entero de soluciones. El detalle de cómo consultar la clasificación y sus implicaciones prácticas se desarrolla en el artículo sobre los municipios en zona de radón.
Las soluciones exigidas por zona
La sección articula la protección con un repertorio de tres familias de soluciones, combinadas según la zona y la configuración del edificio. Las tres pueden combinarse, y la elección depende de la zona y del tipo de contacto con el terreno.
La barrera de protección es el elemento base: una capa continua y estanca al radón, con sus condiciones de material, continuidad y sellado de encuentros y penetraciones, interpuesta entre el terreno y los locales habitables. Su plano de trabajo coincide con el de la impermeabilización de la sección HS 1, y esa coincidencia es una invitación directa a resolver ambas exigencias con un diseño conjunto de la base del edificio.
La cámara de aire ventilada interpone entre el terreno y los locales un espacio, un forjado sanitario en la práctica corriente, cuya ventilación diluye y evacúa el gas antes de que alcance los espacios habitables, con condiciones de aberturas y de comunicación tasadas. Su eficacia depende de que las aberturas se mantengan libres durante toda la vida del edificio.
Los sistemas de despresurización del terreno actúan en origen: arquetas o redes de captación bajo el edificio conectadas a conductos de extracción, que crean una depresión que aspira el gas del sustrato y lo expulsa por encima de la cubierta, con extracción natural o mecánica según el caso. Su diseño se coordina con la cimentación y con la red de saneamiento.
La combinación exigida crece con el riesgo. En términos generales, la zona I se satisface con la barrera o con la cámara ventilada en las configuraciones habituales, mientras que la zona II exige la barrera acompañada de una segunda línea, cámara ventilada o despresurización, con las particularidades de aplicación que la sección detalla según la existencia de sótanos y el uso de las plantas en contacto con el terreno.
| Zona | Solución tipo | Naturaleza del coste |
|---|---|---|
| I | Barrera o cámara ventilada | Partida moderada integrada en la base del edificio |
| II | Barrera más cámara o despresurización | Doble línea, coste superior y coordinación de oficios |
Cuánto cuesta proteger, cuánto cuesta reparar
En obra nueva planificada, la protección frente al radón es una partida contenida: la barrera es una lámina más en el paquete de la base, con su sellado cuidadoso como coste real, la cámara aprovecha soluciones de forjado sanitario que muchos proyectos ya adoptan por otras razones, y la despresurización, la vía más cara, se reserva a las configuraciones de más riesgo. Como orden de magnitud orientativo, el capítulo se mueve en fracciones de punto porcentual del presupuesto de ejecución material en los casos corrientes de zona I, escalando en zona II y en configuraciones complejas.
La aritmética cambia por completo en la actuación sobre lo construido: medir, diagnosticar las vías de entrada y readaptar un edificio en uso, sellados, sistemas de extracción añadidos, es intervención cara y de resultado menos garantizado. La asimetría repite el patrón de toda la salubridad: la protección proyectada cuesta poco, la sobrevenida cuesta mucho. En rehabilitación, la sección se aplica a las intervenciones en los términos generales del código para edificios existentes, y las obras que tocan la base del edificio en municipio afectado son el momento natural, y económicamente racional, de incorporar la protección.
Errores frecuentes
El primero es no consultar el apéndice al arrancar, el error fundacional del capítulo, con la exigencia descubierta en licencia y el modificado consiguiente. La consulta pertenece al encargo y dura minutos.
El segundo es tratar la barrera como una lámina que se extiende y no como una estanquidad que se construye: el radón entra por los sellados que faltan, pasos de instalaciones, juntas, encuentros, exactamente donde la ejecución descuidada deja huecos. Los sellados se detallan uno a uno y se controlan en obra.
El tercero es diseñar la barrera de radón y la impermeabilización de HS 1 por separado, duplicando capas o, peor, haciéndolas incompatibles. Ambas comparten plano de trabajo y se resuelven en el mismo detalle.
El cuarto es olvidar la explotación de los sistemas activos: una despresurización mecánica es un ventilador que debe funcionar y mantenerse, y su parada silenciosa anula la protección sin que nadie lo perciba. El mantenimiento se documenta en el libro del edificio.
El quinto es ignorar el radón en las valoraciones de rehabilitación y de compra de inmuebles en municipios afectados, donde la medición previa es una diligencia barata que evita heredar un problema caro. La medición previa cuesta poco y cambia el precio de compra.
Nota: el nivel de referencia, las zonas y las soluciones citadas corresponden a la sección HS 6 incorporada por el Real Decreto 732/2019; la clasificación de cada municipio y las condiciones aplicables son las del apéndice y el texto de la versión consolidada vigente del DB-HS.