Dos familias de criterios
Los criterios se dividen en dos familias con tratamiento procesal distinto. Los automáticos se calculan y los de juicio de valor se argumentan.
Los criterios evaluables mediante fórmulas (automáticos) se puntúan aplicando una operación matemática a un dato ofertado: el precio, la ampliación del plazo de garantía, la reducción del plazo de ejecución, compromisos cuantificables. Su valoración no admite discrecionalidad.
Los criterios sujetos a juicio de valor requieren una apreciación técnica: la calidad de la memoria constructiva, el programa de trabajos, las medidas de control de calidad o de gestión ambiental. Se valoran antes de conocer los criterios automáticos, precisamente para que el juicio no se contamine con el precio, y cuando pesan más que los automáticos su evaluación corresponde a un comité de expertos.
En el procedimiento abierto simplificado, el juicio de valor está limitado al 25 por ciento de la puntuación en obras, lo que convierte la mayoría de licitaciones medias en competiciones esencialmente automáticas, como se explica en el artículo sobre el procedimiento abierto y abierto simplificado. La estrategia se desplaza entonces hacia el precio y los criterios automáticos.
La fórmula de precio: donde se deciden las licitaciones
Dentro de los criterios automáticos, la fórmula de valoración del precio es la pieza más determinante y la menos leída. Dos pliegos con la misma ponderación (por ejemplo, 60 puntos al precio) pueden producir resultados opuestos según la fórmula elegida:
| Tipo de fórmula | Comportamiento | Consecuencia estratégica |
|---|---|---|
| Proporcional pura (regla de tres sobre la baja) | Cada punto de baja adicional suma puntos de forma lineal | Premia la agresividad: la baja máxima viable es la óptima |
| Proporcional sobre el precio ofertado | Diferencias de puntos pequeñas entre ofertas cercanas | El precio discrimina poco; la técnica decide |
| Con umbral de saciedad | A partir de cierta baja no se ganan más puntos | Bajar más del umbral regala margen sin retorno |
| Referenciada a la baja media | Los puntos dependen de dónde caiga la media de todas las ofertas | Obliga a estimar el comportamiento de los competidores |
Las fórmulas referenciadas a la media introducen teoría de juegos en la licitación: la oferta óptima depende de lo que hagan los demás, y el análisis de licitaciones anteriores del mismo órgano (públicas en el perfil de contratante) se convierte en información competitiva de primer orden. La jurisprudencia de los tribunales de recursos exige además que las fórmulas repartan efectivamente la puntuación prevista; las que en la práctica asignan casi todos los puntos a cualquier baja simbólica han sido anuladas repetidamente.
Mejoras, plazos y otros criterios automáticos
Las mejoras (prestaciones adicionales sin coste) solo son admisibles si el pliego las define con precisión: qué se admite, sobre qué elementos y cómo se valoran. Las mejoras genéricas («se valorarán las mejoras propuestas») son ilegales por dejar la adjudicación al arbitrio de la mesa. Para el licitador, las mejoras definidas son en realidad coste encubierto: deben entrar en el estudio económico como una partida más antes de comprometerlas.
La reducción del plazo de ejecución como criterio merece cautela doble: los puntos se ganan en la oferta, pero el plazo reducido se convierte en obligación contractual penalizable. Ofertar un plazo imposible para arañar puntos es financiar la licitación con las penalidades futuras, como se analiza en el artículo sobre plazos, penalidades y prórrogas.
Leer la ponderación como una estrategia
El análisis práctico de los criterios se resume en tres preguntas. Primera: ¿dónde están los puntos? Un pliego 70/30 a favor del precio se juega en el estudio de costes; uno 50/50, en la memoria tanto como en la baja. Segunda: ¿cómo se comporta la fórmula? Simular la puntuación con tres escenarios de baja (conservadora, media, agresiva) contra competidores hipotéticos revela si el esfuerzo marginal compensa. Tercera: ¿qué criterios son coste? Mejoras, ampliaciones de garantía y reducciones de plazo tienen precio; sumarlos al estudio económico evita ganar la licitación perdiendo el margen.
Queda un límite inferior: la baja resultante de esa estrategia debe superar el filtro de anormalidad del artículo 149, cuyo funcionamiento se desarrolla en el artículo sobre bajas temerarias. Superar el umbral obliga a justificar, y no justificar excluye.
Caso práctico: la misma licitación con dos fórmulas
Tres empresas ofertan a una obra con 60 puntos para el precio. Ofertas: A baja el 10 por ciento, B el 15, C el 20. Compárese el reparto de puntos con dos fórmulas frecuentes:
| Oferta | Fórmula proporcional a la baja máxima (60 × baja/baja máx.) | Fórmula con umbral de saciedad en el 15 % |
|---|---|---|
| A (baja 10 %) | 30,0 puntos | 40,0 puntos |
| B (baja 15 %) | 45,0 puntos | 60,0 puntos |
| C (baja 20 %) | 60,0 puntos | 60,0 puntos |
Con la fórmula proporcional, C saca 15 puntos a B: la agresividad paga, y la licitación se decide en el estudio de costes. Con el umbral de saciedad, B y C empatan a 60 puntos, de modo que los 5 puntos de baja adicionales de C son margen regalado sin retorno alguno: la licitación se decidirá en el juicio de valor, y la estrategia óptima era ofertar exactamente el umbral.
La conclusión operativa: antes de decidir la baja hay que simular la fórmula con escenarios, no leerla por encima. Diez minutos de hoja de cálculo separan la oferta calibrada de la que quema margen para nada.
Criterios sociales y ambientales: puntos que también son coste
La LCSP impulsó los criterios cualitativos de tipo social y ambiental, y en obras son ya paisaje habitual: plan de gestión de residuos reforzado, porcentaje de material reciclado, maquinaria de bajas emisiones, contratación de personas en situación de desempleo de larga duración, formación en obra. Se valoran como automáticos (compromisos cuantificables) o dentro del juicio de valor (calidad de las medidas propuestas).
El tratamiento correcto en la oferta es el mismo que el de las mejoras: cada compromiso puntuable es una partida de coste que debe cuantificarse antes de ofertarlo, porque tras la formalización se convierte en condición de ejecución verificable y penalizable. El error simétrico también existe: renunciar por sistema a esos puntos regala ventaja a competidores que han industrializado sus respuestas (un plan de residuos tipo, acuerdos estables con centros especiales de empleo) y los ofertan a coste marginal decreciente licitación tras licitación.
La lectura estratégica del pliego incluye, por tanto, un inventario de los puntos sociales y ambientales alcanzables con la estructura actual de la empresa y de los que exigirían inversión: los primeros se ofertan siempre; los segundos, solo si el análisis de la fórmula demuestra que esos puntos deciden. El inventario se rehace en cada licitación, porque los criterios cambian.
Nota: las referencias normativas citadas corresponden a la legislación española vigente en 2026 (Ley 9/2017). Verifique siempre los criterios y fórmulas del pliego de cada licitación concreta.