Primera operación: calcular la ocupación
La ocupación no es la que el promotor espera, es la que la tabla de la sección asigna. Cada uso y cada tipo de zona tiene una densidad de ocupación reglamentaria, expresada en metros cuadrados por persona, y el cálculo consiste en aplicar esa densidad a las superficies útiles de cada zona. Como referencias muy conocidas, las zonas de vivienda computan a razón de una persona por cada 20 metros cuadrados útiles, y las de uso administrativo a una por cada 10, con densidades mucho más intensas en zonas de público de usos comerciales y de pública concurrencia, donde la tabla llega a valores de pocos metros cuadrados, incluso fracciones, por persona.
Dos matices de aplicación importan. El primero: la ocupación se calcula por zonas y se acumula hacia las salidas, de modo que un mismo edificio arroja ocupaciones distintas en cada punto de su esquema de evacuación. El segundo: las zonas de ocupación nula, los cuartos técnicos por ejemplo, se excluyen del cómputo pero no de las exigencias de recorrido cuando son visitables.
El error clásico, calcular a la baja para aliviar el dimensionado, tiene recorrido corto: los servicios técnicos municipales recalculan la ocupación de forma sistemática, y una ocupación corregida al alza en licencia arrastra en cascada salidas, anchuras y escaleras. Conviene por tanto calcular la ocupación con la tabla desde el primer momento.
Segunda operación: trazar los recorridos
El recorrido de evacuación es el camino real, medido sobre el eje de pasillos y por las líneas de paso practicables, desde cualquier punto ocupable hasta una salida de planta o del edificio. La sección fija longitudes máximas que dependen del número de salidas disponibles: como referencia general, los recorridos hasta una salida única no pueden exceder de 25 metros, límite que se amplía hasta 50 cuando el ocupante dispone de más de una salida alternativa, con variantes según el uso y con ampliaciones cuando existe instalación automática de extinción.
El trazado tiene sus reglas finas. Los recorridos no pueden atravesar zonas que agraven el riesgo, las cocinas de un restaurante por ejemplo, ni depender de elementos que puedan estar cerrados u ocupados. Los puntos de un recinto se miden desde su interior, no desde su puerta. Y los recorridos alternativos deben ser realmente independientes: dos salidas contiguas que confluyen en el mismo pasillo no son alternativa.
Con la exigencia SUA 9 del código, la evacuación incorpora además la dimensión de la accesibilidad: los itinerarios y las zonas de refugio para personas con discapacidad se coordinan con los recorridos de evacuación, cruce que se desarrolla en el artículo sobre la accesibilidad del DB-SUA 9. Ambos recorridos se dibujan sobre la misma planta y a la vez.
Tercera operación: contar las salidas
El número de salidas exigido depende de la ocupación, de la longitud de los recorridos y del uso. Las plantas o recintos de ocupación reducida y recorridos cortos pueden resolverse con una salida única; superados los umbrales de la tabla correspondiente, hacen falta dos o más salidas suficientemente independientes. La regla operativa para el proyectista es mirar los umbrales pronto: el salto de una a dos salidas, o la necesidad de una segunda escalera, es de los que redibujan plantas enteras, y descubrirlo con el proyecto avanzado es de los sobrecostes de diseño más dolorosos que existen.
Cuarta operación: dimensionar los elementos
Con la ocupación asignada a cada elemento de evacuación, el dimensionado aplica fórmulas sencillas. La referencia general para puertas y pasos es una anchura igual o superior a la ocupación asignada dividida por 200, con un mínimo absoluto de 0,80 metros en las puertas; los pasillos siguen una lógica análoga con sus propios mínimos, y las escaleras aplican divisores específicos según sean protegidas o no y según el sentido de la evacuación. La hipótesis de bloqueo completa el método: cuando hay varias salidas, el dimensionado debe comprobarse suponiendo inutilizada una de ellas, con la ocupación redistribuida entre las restantes.
Las escaleras merecen mención propia. A partir de determinadas alturas de evacuación, según el uso, las escaleras deben ser protegidas o especialmente protegidas: recintos con resistencia al fuego propia, puertas cortafuegos y, en su caso, vestíbulos de independencia y ventilación específica. Son sectores de incendio verticales, y presupuestariamente son de las piezas más caras de la sección, porque suman compartimentación, carpintería cortafuegos y a menudo sistemas de control de humo o presurización.
Señalización y alumbrado: el cierre del sistema
La evacuación se completa con sus elementos de guiado: señales indicadoras de dirección y de salida conformes a su norma, y alumbrado de emergencia que garantice niveles mínimos de iluminación en los recorridos, exigido este último por la sección SUA 4 del código en coordinación con el DB-SI. Son partidas menores en importe y mayores en inspección: figuran entre las comprobaciones más sistemáticas en licencias de actividad y en revisiones periódicas.
Lectura presupuestaria de la sección
| Elemento | Naturaleza del coste |
|---|---|
| Escaleras protegidas | Compartimentación, puertas, ventilación o presurización; coste alto |
| Anchuras de paso | Coste de oportunidad en superficie más que coste directo |
| Puertas de evacuación | Herrajes antipánico y sentido de apertura según ocupación |
| Señalización | Partida menor, sistemáticamente comprobada |
| Alumbrado de emergencia | Partida de electricidad con exigencia normativa propia |
La conclusión económica de la sección es que su coste se juega en el anteproyecto. Un esquema de evacuación bien planteado desde el inicio apenas encarece el edificio: consume las anchuras justas, sitúa las escaleras donde sirven a la vez a la evacuación y a la composición, y evita los saltos de umbral. El mismo edificio con la evacuación resuelta tarde paga escaleras añadidas, pasillos ensanchados y metros cuadrados perdidos. La sección SI 3 es el ejemplo perfecto del principio general del artículo sobre el coste de cumplimiento del CTE: el cumplimiento barato es el que se proyecta pronto.
Errores frecuentes
El primero ya citado: ocupaciones calculadas a la baja que la licencia corrige con efecto dominó. La corrección municipal llega cuando el proyecto ya está cerrado.
El segundo, medir recorridos en línea recta sobre plano en lugar de sobre el camino real practicable, error que aflora en la revisión municipal con recorridos que de pronto no cumplen. El recorrido se mide siguiendo el camino practicable, con sus giros y obstáculos.
El tercero, olvidar la hipótesis de bloqueo en el dimensionado de salidas múltiples. La hipótesis se aplica anulando sucesivamente cada salida.
El cuarto, resolver la evacuación e ignorar su convivencia con la accesibilidad: puertas que cumplen anchura de evacuación pero no de itinerario accesible, o refugios previstos sin coordinar con los núcleos. Las anchuras se comprueban contra los dos criterios a la vez.
El quinto, tratar la señalización y el alumbrado de emergencia como remates de obra en lugar de partidas proyectadas, con el resultado habitual de recorridos señalizados a criterio del instalador. Ambas partidas se proyectan y se miden como cualquier otra instalación.
Nota: los valores citados son referencias generales de comprensión; las densidades, longitudes y fórmulas aplicables en cada caso son las de las tablas de la versión consolidada del DB-SI vigente, publicada en el portal oficial del CTE.